1ª PARTE: Entre las ruinas.- Te querré siempre –susurró Gonzalo.
El viento que agitó durante todo el día las hojas de los árboles, se había convertido ahora en una suave brisa otoñal que mecía delicadamente sus ramas, ya casi desnudas. Transportaba en su ir y venir aromas de mieses recién segadas, de campos desnudos, despojados de sus frutos que durante aquel largo y cálido verano de 1615 habían madurado con paciencia y mimo. Así como lo había hecho el amor de aquellos dos niños, que, ajenos a las estaciones jugaban a ser adultos.
Sus cuerpos entrelazados, desnudos, tumbados sobre aquellas reliquias, antaño nervaduras de altas bóvedas y que ahora yacían olvidadas, testigos mudos de su amor, el cielo su techo.
- Y yo a ti. -contestó la muchacha en un susurro.
Gonzalo recorrió con las yemas de sus dedos los tersos muslos de Margarita, sus labios buscaron su boca, su sabor le hizo suspirar y deseó no tener que respirar nunca otro aliento que no fuera el de ella. Gonzalo mordisqueó suavemente sus pechos despertándole oleadas de placer y la muchacha no pudo evitar que una miríada de recuerdos acudiera a su mente
… Gonzalo y ella intercambiándose el amuleto, la promesa de amor que Margarita le regaló.
… Gonzalo y ella paseando cogidos de la mano caminando hacia la escuela.
… el primer beso, las primeras promesas, las primeras caricias inocentes convertidas ahora en ansias de pasión. Margarita arqueó la espalda al sentir como el sexo de Gonzalo se rozaba contra su vientre. El movimiento hizo que el muchacho tensara sus brazos para separarse ligeramente de ella, no sabía cuánto tiempo más podría aguantar, pero Margarita flexionó las piernas enlazándose ávidamente alrededor de las caderas del muchacho y atrayéndole hacia ella.


